PipinWorld

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miércoles, 4 de mayo de 2011

Los errores de diseño del iMac



Estuve tentado hace unos meses de comprar un iMac, el PC de escritorio de Apple, dirigido teóricamente a un usuario doméstico, y con un diseño espectacular, en mi modesta opinión. Digo estuve porque, finalmente, el iMac no forma parte de mi escritorio, aunque sí el OS X.

Lo cierto es que tras varios días revisando artículos y foros, descubrí qué había detrás del iMac, y mi entusiasmo inical se vio incrementado. Como producto hardware, me parecía competitivo, y veía muy bien que fuera totalmente compatible (arquitectura Intel, hardware estándar). El precio era quizá algo superior al precio que pagaríamos por un ordenador de sobremesa equivalente, pero la sensación de tener algo mejor lo compensaba.

Desgraciadamente, el iMac esconde 2 absurdas decisiones de diseño, que después de sopesadas con varias tazas de café, acabaron con todo mi entusiasmo:

Para empezar, el iMac viene pegado literalmente a una gigantesca pantalla de 24 pulgadas (en su versión iMac 24). El alto precio se justifica en parte por esa pantalla genial, que curiosamente, solo se puede usar con el iMac. No tiene conector DVI, ni HDMI, ni VGA, ni nada que se parezca a una entrada de señal, utilizable por un dispositivo externo, sea este un portátil, un lector de DVDs o un reproductor MP4. Es, simplemente, inconectable (bueno, existe una alternativa, vía puerto USB, pero es como ir de París a Roma pasando por Nueva Zelanda).
Segundo error de diseño: no hay forma humana (ni sobre humana) de ampliar el hardware (con la penosa excepción de la memoria RAM). Curiosamente, en un diseño tan avanzado, no podemos extraer el disco duro para cambiarlo por uno de mayor capacidad, ni la tarjeta gráfica, ni el micro. Nada puede tocarse en su interior, salvo la memoria. Para los más atrevidos, existen algunas páginas con información sobre cómo abrir el iMac y hacerle “modificaciones” (pero claro, se requiere sangre fría y mucha habilidad técnica).

Ante un entorno tecnológico cambiante, en constante evolución, es necesario tener un hardware que pueda ser ampliado, modificado o parcialmente sustituido, para que conserve cierta dignidad con los años. Resulta evidente que Apple no está pensado para usuarios con este tipo de inquietudes. Sin embargo, el OS X me pareció desde el principio un sistema operativo notable, eficaz, estable, y apto tanto para el que no quiere saber que existe un sistema operativo, como para el que quiere recompilar el núcleo.

Ante la disyuntiva de tener que hackear el iMac en unos años para ampliarlo, o hacer encajes de bolillo para usar el OS X en un PC de los de toda la vida, decidí hacer lo correcto. Siempre se me dieron mal los destornilladores.

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